Articulada, ampliamente financiada y una máquina de creación de narrativas: el engranaje transnacional de la extrema derecha

La extrema derecha coordina estrategias globales y explota pánicos morales para influir en políticas públicas.Ante su conexión internacional y la formación de nuevos liderazgos, la interseccionalidad se vuelve llave para que los progresismos puedan hacerle frente.

Donald Trump sobre el escenario de la conferencia CPAC 2025

Como periodista de investigación, durante los últimos años he logrado infiltrarme en congresos de extrema derecha, donde pude entrevistar a políticos y miembros de organizaciones ultraconservadoras en Europa y América Latina. El objetivo era comprender cómo se articulan las redes transnacionales de estos movimientos, cómo construyen y difunden narrativas, y cómo transforman discursos reaccionarios en pánico moral y, no rara vez, en políticas de Estado.

Esta investigación me llevó a eventos en Hungría, Polonia, Alemania, Bélgica, República Checa, España y Portugal, entre otros países. Pero el trabajo comenzó mucho antes, cuando aún me encontraba en Brasil y era testigo de las violaciones de derechos humanos y la violencia de género, lo que me llevó a investigar a los actores políticos y religiosos que impulsaban estas violencias (sobre todo en los años previos a la asunción de Bolsonaro y durante su gestión). Esto me permitió entender que tales acciones, políticas públicas, declaraciones polémicas y construcción de narrativas contra la garantía de derechos de grupos específicos no son ni aleatorias ni desconectadas: forman parte de un movimiento global, articulado, sistemático, con gran capacidad financiera y que involucra a figuras centrales de la política contemporánea.

A muchas de esas conferencias a puertas cerradas o semicerradas acuden ministros, parlamentarios, líderes partidarios, jefes de Estado, representantes de grandes organizaciones y think tanks. Gente con poder de decisión. Allí, articulan estrategias legislativas, definen pautas comunes, tejen narrativas, mapean enemigos y fomentan la persecución de opositores ideológicos. De estos encuentros nacen proyectos de ley que son replicados en diferentes países, haciendo mínimas adaptaciones a las realidades locales. Ejemplo de ello son los proyectos de ley relacionados al homeschooling, o la idea de llevar a profesores «adoctrinadores» a la justicia (el acoso judicial es ampliamente incentivado en estos espacios) y los proyectos para prohibir el lenguaje inclusivo.

Financiamiento

Un estudio conducido por Neil Datta1, secretario del Foro Parlamentario Europeo sobre Derechos Sexuales y Reproductivos reveló que, solo entre 2009 y 2018 (es decir, el inicio del boom de la nueva extrema derecha en el mundo), las organizaciones antigénero movilizaron más de 707 millones de dólares en campañas contra los derechos reproductivos y de la población LGBTQIA+. Según la misma investigación, algunas de las principales fuentes de financiamiento provienen de los Estados Unidos: la derecha cristiana americana, las organizaciones jurídicas como Alliance Defending Freedom y el European Center for Law and Justice. Rusia también encabeza esta lista, con dinero proveniente de oligarcas, «dinero oscuro», agencias estatales que promueven ideas nacionalistas, o del astroturfing (término usado para campañas o mensajes que parecen circular naturalmente, pero que en verdad son definidas por una empresa, élites económicas o aristócratas europeos; familias ricas de Alemania, Austria y otros países; recursos estatales). Muchas de estas organizaciones reciben dinero del Estado por medio de programas para jóvenes o de orientación para mujeres embarazadas, por ejemplo. Y por último están las redes religiosas.

Otro dato reciente que llama la atención es que la fundación ultraconservadora estadounidense Heritage Foundation habría recaudado más de 120 millones de dólares desde 2020 para financiar los grupos asesores del «Proyecto 2025»2, un documento de 900 páginas para «reformar» rápidamente, o alterar radicalmente, el gobierno de los EEUU cerrando agencias y oficinas, revocando reglamentaciones y sustituyendo a miles de funcionarios del sector público por aliados políticos cuidadosamente seleccionados. El documento, definido por la Global Project Against Hate and Extremism como «un proyecto para el nacionalismo cristiano y el autoritarismo», ha funcionado como una biblia para la nueva gestión de Trump y, más que un proyecto para el nacionalismo cristiano y el autoritarismo, se ha convertido en una agenda activa.

La cuestión de género en el centro

El hilo conductor de estas conferencias es invariablemente la agenda de género. Allí se crean fantasías de pánico moral, justificadas en la defensa de un ideal de familia heteronormativa y biologizante. Las feministas, la izquierda, los comunistas, la comunidad LGBTQIA+ (sobre todo las personas trans), profesores de universidades, el movimiento antirracista, el movimiento antifascista, las organizaciones internacionales, y las personas inmigrantes quieren, según estas narrativas, desnaturalizar la familia, adoctrinarla y, finalmente, destruirla. Con ese lema, las agendas antiabortistas, antifeministas y antitrans, principalmente, atraviesan los debates sobre economía, inmigración, seguridad, educación y territorio. La defensa de la institución familiar, que mira hacia un pasado idealizado, es de esta manera presentada como una misión civilizatoria y, en última instancia, como una misión religiosa.

Las agendas de género son centrales no solo por convicción moral. Un ejemplo es el accionar del presidente de Argentina, Javier Milei, que se hace llamar «libertario», y sin embargo creó una secretaría de «Culto y Civilización» cuyo secretario, Nahuel Sotelo, es antiabortista, critica fuertemente la Ley de Identidad de Género y prometió, apenas asumió su cargo, entablar una batalla cultural libertaria.

Vale también recordar que, en su primer día de mandato, Donald Trump firmó decretos para restringir, en diferentes niveles, los derechos de las personas trans. Esa campaña ha demostrado ser una poderosa herramienta de movilización del miedo y la conmoción pública, con la construcción de fantasmas sociales, la transformación de derechos en amenazas, o el uso del lenguaje religioso para justificar el control de los cuerpos, especialmente de mujeres y personas LGBTQIA+ en general.

Al mismo tiempo, la izquierda institucional y parte de los movimientos progresistas aún titubean en tratar estas agendas con la seriedad que merecen. En Brasil tenemos una larga lista de ejemplos de líderes políticos de izquierda que se comprometieron públicamente a no descriminalizar el aborto o, como mínimo, miran para otro lado. Así, estas leyes se mantienen obsoletas y el debate no ocurre de manera justa. Al mantener intacto el tabú alrededor del asunto, la conversación llega a la población de la mano del miedo, el pecado y el crimen. Este tabú se mantiene incluso frente a los alarmantes indicadores de emergencia de la salud pública, como las miles de muertes anuales resultantes de abortos inseguros, o al alto índice de asesinatos de personas trans.

En eventos como los Summits promovidos por la poderosa organización transnacional Political Network for Values (PNfV), estos temas son discutidos durante días.

En el último encuentro de la PNfV que tuvo lugar en diciembre de 2024 en el Senado Español en Madrid se reunieron parlamentarios, ministros, activistas y representantes de organizaciones ultraconservadoras de América Latina, Europa, Estados Unidos, y África para entablar contactos, reflexionar sobre proyectos de ley, intercambiar experiencias exitosas y diseñar estrategias para combatir a la izquierda y lo que la extrema derecha llama la cultura «Woke» (término que fue reformulado y usado peyorativamente por los conservadores para referirse a una agenda «globalista» que es feminista, proaborto, antirracista, pro-LGBTQIA+, socialista, indigenista, etc.)

Mucho se dijo sobre cómo las políticas públicas deben sustentarse a partir de los valores cristianos, sobre la importancia de luchar por la «vida desde la concepción hasta la muerte natural» (lo que significa, ante todo, prohibir el aborto y la eutanasia en cualquier circunstancia) y también sobre cómo prohibir, en la práctica, los derechos de las personas trans. Mucho de lo que fue elaborado allí está siendo puesto en práctica por el actual gobierno de Trump. Esto era previsible: los oradores celebraban la elección de Trump y afirmaban que él podría finalmente poner aquellas ideas en práctica.

Rita Matias, una joven diputada de Portugal, dijo en aquella ocasión: «Un hombre es un hombre y nunca podrá ser una mujer. Una familia es un hombre, una mujer y sus hijos. El aborto es el asesinato de un bebé en el útero. Fui al congreso sobre el clima. El movimiento woke está introduciendo la agenda de género en la agenda ambiental. Tengo 26 años y ha llegado nuestra hora de defender los valores de nuestros abuelos. Nuestra lucha es espiritual». Entre los países presentes en el evento estaban: Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Camerún, Chile, Colombia, Croacia, República Dominicana, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Kenia, México, Marruecos, Nigeria, Panamá, Paraguay, Polonia, Portugal, Rumania, España, Sierra Leona, Suiza, Uganda, Ucrania y Venezuela, entre otros.

La delegación brasilera fue representada por el senador Eduardo Girão y el diputado federal Nikolas Ferreira. En la ocasión, el senador Girão dijo: «Estoy aquí con ustedes para hablarles del surgimiento de la libertad de expresión en el Brasil de hoy, un pilar fundamental de la democracia que, después de muchas décadas, está bajo seria amenaza en mi país, donde cerca de un 80% son conservadores, y donde sin embargo muchas personas influyentes están siendo intimidadas. En los últimos años hemos visto un aumento en la censura contra ciudadanos comunes, periodistas, religiosos y parlamentarios. En lugar de proteger el derecho de las personas de expresar sus opiniones, algunas autoridades optaron por silenciar las voces con las que no concuerdan. Este tipo de control no solo perjudica a personas individuales, sino también a la propia idea de democracia, para la cual todas las voces tienen derecho a expresarse y ser escuchadas. La censura generalizada en Brasil comenzó en 2019, tras un acto arbitrario de poder del presidente del Supremo Tribunal Federal. Hoy existe en Brasil una dictadura comandada por una juristocracia».

Nikolas Ferreira es uno de los líderes de la juventud del PNfV, y es así como fue presentado en este y otros eventos de esa organización. No como un representante de Brasil, sino como un representante de la juventud ultraconservadora del mundo. Sus ideas radicales contra el aborto, las personas trans, feministas y la izquierda, son celebradas y amplificadas en estos espacios (para una visión más amplia de las ideas que defiende el diputado, recomiendo la lectura del paper «Curso Formação Conservadora: Como pensa a extrema direita brasileira?3, que escribí con Niklas Franzen).

La juventud en la mira

Otro aspecto relevante es la apuesta por la formación política de la juventud. Organizaciones como la Political Network for Values promueven cursos de hasta seis meses, con entrenamientos intensivos, viajes y orientación directa de líderes de la extrema derecha, como el chileno José Antonio Kast. No se trata pues de un movimiento que va a envejecer y morir, sino de un proyecto de largo plazo que prepara a las próximas generaciones para continuar con esta cruzada. Esa juventud tiene espacios dedicados en estos eventos, crean manifiestos, videos y estrategias de cómo llegar a más jóvenes en las redes sociales. No resulta extraño que sean aún más radicales en sus discursos que los más viejos.

La interseccionalidad como resistencia

Frente a esta ofensiva global, es urgente repensar las estrategias de resistencia en el campo progresista. Muchas veces, las feministas son acusadas de «desviar el foco» de las luchas reales al insistir en las agendas de género. Pero la verdad es que la extrema derecha sabe exactamente donde atacar: los cuerpos, las sexualidades, las autonomías. Allí, mueven corazones y mentes, abordan problemáticas importantes bajo la lente del miedo y el pecado, y así construyen las fantasías que alimentan el pánico moral y la violencia.

La lucha por los derechos de género es interseccional. No puede ser separada de las luchas por el territorio y la justicia climática, de la agenda antirracista o antifascista, ni de las luchas por vivienda o por trabajo digno. No puede ser separada de la lucha de clases. La interseccionalidad con la agenda de género no es una elección. Es una necesidad estratégica frente a la reorganización global de las derechas autoritarias y debe ser vista como tal.

 

Traducción al español por Rizoma Traducciones 
Nicolás Castrilli & Rodra Castro 

Footnotes
  • 1

    DATTA, Neil. Tip of the Iceberg: Religious Extremist Funders against Human Rights for Sexuality & Reproductive Health in Europe. Bruselas: European Parliamentary Forum for Sexual and Reproductive Rights, 2021. Disponible en: https://www.epfweb.org/node/837. Último acceso: 10 de junio de 2025.

  • 2

    DANS, Paul   & GROVES, Steven.    Project  2025: Presidential  Transition    Project,  Mandate     for  Leadership: The Conservative Promise. Washington, DC: Heritage Foundation, 2022.

  • 3

    DIP, Andrea & FRANZEN,Niklas. Curso Formação conservadora:  Como pensa a extrema direita brasileira?. Rio de Janeiro: Fundación Heinrich Böll, 2024