Energía eólica: la patagonia y la promesa del viento

Informe

Mientras soluciones tecnológicas aumentan la posibilidad de matrices energéticas renovables, el caso argentino es significativo: la indiscutible ventaja de sus fuertes y constantes vientos patagónicos no se despliega en todo su potencial. 

Molinos en un predio de energía eólica.

Por qué pensar en las energías eólicas en Argentina

Terminada la COP30 en la ciudad de Belén, el escenario de un mundo cada vez más fragmentado y multipolar queda en evidencia y el abandono o no de los combustibles fósiles permite entender en parte los clivajes que lo organizan. Por un lado, a partir del último encuentro en noviembre se consolidó un bloque comandado por Gustavo Petro de Colombia, integrado por Francia, México, Kenia, Islas Marshall, Corea del Sur, España, Países Bajos y Reino Unido, determinado a pensar en alternativas al uso de hidrocarburos y alentar su concreción. Un encuentro en abril del año que viene promete consolidar esta línea. Por otra parte, quedaron los países que se niegan al abandono del petróleo, el gas y el carbón: Arabia Saudita, India, China, Nigeria y Rusia. A su vez, Estados Unidos mantiene su juego sin haber participado en la reunión: el último documento de la gestión Trump deja en claro que la intención es perdurar en el famoso drill, baby, drill para persistir en la industria fósil. 

Las metas de descarbonización se corren pero, a la vez, distintas soluciones tecnológicas aumentan la posibilidad efectiva de matrices energéticas con base creciente en fuentes renovables. El caso argentino es significativo: la indiscutible ventaja de sus fuertes y constantes vientos patagónicos no se despliega en todo su potencial. Crece a la sombra de Vaca Muerta, como lo atestiguan sus últimos quince años de desarrollo, con un interesante ciclo de expansión 2015-2020 -especificaremos una periodización más adelante- y desde entonces creciendo a cuentagotas, con un potencial contenido, y en la actualidad sin incentivos nacionales específicos. 

Entre los líderes mundiales de la energía eólica están China, Estados Unidos, Alemania y Dinamarca. Latinoamérica tiene a Brasil como el jugador más importante. Como dijimos, si ampliamos la mirada y nos detenemos ya no en las capacidades instaladas sino en las potencialidades del viento, encontramos en la Patagonia austral a una de las mejores zonas del planeta para avanzar con las energías eólicas. Argentina es un lugar de privilegio. ¿Qué sería necesario planificar para aprovechar esas oportunidades y cómo se vino pensando este asunto? ¿De qué manera proyectar políticas para que la transición energética sea además justa en un país en el que más de la mitad de su consumo eléctrico es residencial y “ambacentrado” y la precariedad infraestructural abunda? 

En el viaje realizado por la provincia de Chubut en noviembre de este año, diferentes actores comprometidos con pensar y participar en las políticas energéticas coincidieron en las extraordinarias posibilidades de estos vientos, a la vez que destacaron vivir en una provincia que tiene el 85% de su territorio desacoplado del sistema de energía nacional, con  21 cooperativas que gestionan 25 comunidades rurales mediante grupos electrógenos a gasoil que generan la electricidad -con turnos- que usa la comunidad. Más al sur -Santa Cruz, Tierra del Fuego-, todavía existen “ventajas comparativas” -altos factores de capacidad potenciales- pero en la medida que la generación se aleja de los centros de consumo, aumenta proporcionalmente el costo de transporte. Entonces ¿qué se puede pensar y qué futuros son posibles de ser vislumbrados? 

Barril de petróleo enterrado en la tierra en la Patagonia.

Vientos argentinos 

Actualmente el desarrollo de energía eólica nacional tiene dos regiones centrales; una en el sur bonaerense, y otra en la provincia de Chubut. En esta última, recorrimos el Parque Rawson, de Genneia, hoy el jugador nacional más importante. Javier Gort fue uno de los principales impulsores del parque, pionero en el desarrollo de estas tecnologías en Argentina, y advierte que las líneas actuales (como la de Puerto Madryn) se saturarían rápidamente con solo unos pocos parques nuevos. Existe un consenso total en que el crecimiento de la energía renovable está físicamente limitado por la red eléctrica actual. Verónica Robert, economista especializada en los desarrollos industriales que acompañan la transición energética, complementa esta mirada señalando que se le vino "sacando jugo" a la red hasta la última gota. En cuanto al costo de expansión: ambos reconocen el alto costo de la infraestructura; cada kilómetro de línea de alta tensión se estima en 1 millón de dólares.

A 75 metros del suelo se lee la marca de los aerogeneradores -Vestas en este caso-, que giran a 6 segundos por vuelta ese día. En la sala de monitoreo se verán los detalles -fuerza, velocidad, capacidad-, que continuamente viajan hacia el centro de monitoreo del “tecnólogo” -como se conoce en la jerga a la empresa que maneja integralmente la tecnología del parque eólico-, quien se sirve de eso para innovar a partir de la información recolectada cotidianamente en sus distintos parques del mundo.

De los 70 parques eólicos operativos en Argentina, 27 están en la provincia de Buenos Aires y 18 de ellos en el sudeste bonaerense. En Chubut hay 23. Según un informe del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), la capacidad instalada renovable en el país superó los 7.100 MW en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) durante los primeros meses de 2025, con la eólica liderando con 4.337 MW operativos. La tendencia de los últimos años fue el crecimiento bonaerense en detrimento del chubutense, principalmente por cuestiones de la infraestructura de transmisión de electricidad. 

Según el ranking de CAMMESA, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, en octubre, la generación de energía eólica por empresa se ordenó con 365.516 MWh de Genneia; 255.247 MWh de YPF Luz; 230.090 MWh de PCR (Petroquímica Comodoro Rivadavia). El ranking por parque eólico, si hablamos de  generación en el mes de octubre de 2025 es encabezado por Mataco (de PCR), y le siguen La Elbita (de Genneia) y Manantiales Behr (de YPF Luz). 

¿Pero quién aprovecha esa energía y a dónde va? 

La matriz renovable argentina es una matriz financiada con capital extranjero en un 90%, que vino básicamente a buscar un retorno bastante cierto en dólares de mediano plazo. Esta determinación será una de las fundamentales para explicar la desconfianza y el recelo para con estos desarrollos que una importante parte del funcionariado nacional de la anterior gestión. “Es un negocio financiero”, dirán, simplificando y obviando otro dato: que los principales actores del mercado eléctrico nacional son, originalmente, actores financieros.

“En el 2015 Argentina prácticamente estaba al borde de un blackout. Eso hizo que la lógica sea tráeme el mega que puedas, el que tengas, no me importa cuánto salga”, cuenta Sergio Drucaroff, ex funcionario a cargo del desarrollo de proveedores durante la expansión del sistema eólico bajo gestión del macrismo. 

Diversas fuentes consultadas para este informe coinciden en varios puntos sobre las condiciones y el diagnóstico de la energía eólica en el país. Primero, como dijimos, señalan el potencial excepcional del recurso (como ventaja competitiva). Al igual que los diagnósticos internacionales, resaltan que la Patagonia posee una capacidad de generación de clase mundial. Los parques eólicos patagónicos superan el 60% de factor de capacidad. “Un molino en Argentina rinde más del doble que en Alemania, donde el factor de capacidad ronda el 25%”, dice Robert. Esta cualidad permite que el costo de producción sea competitivo frente a otras fuentes y regiones. Junto con la certeza de los vientos extraordinarios vienen las otras dos determinaciones: el transporte de la energía, que determinó el crecimiento del sur bonaerense en los últimos años, y la financiación de estos parques, que más adelante ahondaremos en sus problemas.

En Goldwind, la tecnóloga china con parques propios en Argentina, Luis Febre señala la restricción técnica determinante: la línea de transmisión que lleva toda la energía desde la estación Madryn hacia el principal centro de carga, que es el centro del país. “Habría que construir una segunda línea, primero, de transmisión de 500 kilovoltios. Y después hacer algunas actualizaciones en las subestaciones donde se conecta esa línea”, dice y pondera: “Al fin y al cabo lo que uno está debatiendo son políticas públicas: si uno pone igualdad de condiciones, petróleo, eólica, probablemente gane petróleo, pero yo creo que uno como Estado no pone en igualdad de condiciones petróleo y energía renovable porque es más barata la renovable, uno considera que a largo plazo es el país que quiere construir y por eso le da más incentivos para que este tipo de energías se desarrollen”.

Imagen de montañas en Chubut, Patagonia Argentina

Historia de la energía eólica nacional

Los primeros intentos de incursión fueron en los ochenta, con el desarrollo y construcción de la Turbina Eólica Argentina. Un grupo de investigadores de la facultad de ingeniería de la UBA creó en 1996 la Asociación Argentina de Energía Eólica y hasta 2002, en el país había apenas 30 MW instalados principalmente por cooperativas eléctricas. Aquellos tempranos desarrollos quedaron obsoletos, como otros que vendrían más adelante.

Fue a partir de la licitación del Programa de Generación Eléctrica a partir de Energías Renovables (GENREN) que el escenario cambió de rumbo (con ese marco normativo se crea el Parque Rawson por el que andamos, que se expande con las rondas Renovar bajo el gobierno de Macri). En 2006 la Ley de Fomento de las Energías Renovables, estableció un marco e intenciones de un desarrollo que comenzó a ver la luz con ese programa. En este lapso de tiempo se abren varios parques eólicos. Desde el punto de vista de la generación eléctrica, el desarrollo desde entonces podría resumirse en una primera etapa 2011/2017 de despegue contenido, una fuerte expansión 2018-2021. y una desaceleración desde 2022 que no se revierte[1].

La infraestructura de transporte eléctrico –líneas de alta tensión y estaciones transformadoras– es primordial para interconectar los parques eólicos e inyectar la energía producida al SADI. La historia del Sistema Interconectado Nacional (SADI) en Argentina implicó la integración progresiva desde sistemas locales autónomos (fines siglo XIX) hacia una red única. Se crea el ente estatal Agua y Energía Eléctrica (AyEE) para gestionar el sector en los primeros gobiernos peronistas y durante el frondizismo, en 1960 (Ley 15336), se crea la Red Nacional de Interconexión -también el Consejo Federal de Energía Eléctrica-, buscando unificar redes regionales bajo control nacional.Con las privatizaciones de 1991 se crea CAMMESA (entidad administradora)[2] y con los gobiernos kirchneristas 2004-2014 se expande la red troncal, conectando la Patagonia a través de dos líneas de alta tensión sur-norte. La presencia de red de transporte nacional fue determinante para el aprovechamiento de los buenos vientos. Colapsada esta, se optaría por parques que directamente generan para industrias (caso ALUAR en Puerto Madryn).

Para 2017 la Ley 27.191 de Promoción de Energías Renovables, impulsada por el entonces senador nacional por Chubut, Marcelo Guinle, busca alcanzar un 20% de la matriz energética renovable para 2025 y fomentar la inversión estableciendo beneficios fiscales para proyectos eólicos, exenciones de regalías en Chubut, y habilitando a la importación sin pago de impuestos de bienes de capital para el desarrollo eólico. Lo que fue visto como “la muerte de la integración industrial nacional” en estos temas, es complejizado por Drucaroff: “no pensamos en un mega de industria nacional, que era la propuesta que traía el empresariado local, sino que pensamos en un esquema de integración donde lo hagan los más competitivos, pero que lo hagan en la Argentina y que lo hagan con integración local, que puedan que hagan procesos de aprendizaje”, dice. Desarrollamos a continuación los dilemas de la producción nacional de tecnología eólica en la historia reciente.

Integración nacional: tecnólogos y generadoras

Para entender el entramado de la energía, conviene primero dividirla en dos grandes bloques: tecnólogos y generadoras. Se conoce como tecnólogos a los actores que dominan de punta a punta toda la tecnología eólica de los aerogeneradores. Todas las grandes del mundo se consolidaron durante este siglo y pujaron por exportar y dominar tecnológicamente la expansión de esta energía en las periferias, que procuraban sumarse a la carrera de las energías renovables. Por otra parte, las generadoras son las empresas que gestionan los parques eólicos (las del ranking compartido más arriba), generalmente con tecnología de alguno de los tecnólogos internacionales (Vestas, Goldwind, Nordex, Siemens, entre otras).

“Hubo una vocación por construir ese segmento industrial dentro de la cadena eólica que luego se abandonó” dice Robert. Para 2006-2010 Argentina proyectó un tecnólogo nacional en IMPSA, mientras España desarrollaba Gamesa (que luego compró Siemens). Tenía sentido en aquel entonces pensar que Argentina podía tener una empresa dedicada a la producción de molinos eólicos porque éstos recién estaban apareciendo en el mundo. Había una curva de aprendizaje por recorrer y Argentina podía empezar con un molino que si bien podía tener sus problemas, en la medida en que aumentaba el mercado interno de molinos podría mejorar su tecnología y a la par de descarbonizar la matriz eléctrica, generar capacidades industriales. Todas estas eran proyecciones en el marco de una declinante producción de hidrocarburos hasta que se anunció el descubrimiento de Vaca Muerta en 2012. IMPSA primero, NRG Patagonia después, fueron producto de aquella coyuntura.

Desde el 2015,la expansión de la capacidad eléctrica eléctrica estuvo asociada a renovables en un altísimo porcentaje.  Un decreto de 2016 daba crédito fiscal por integración y contenido local. Eso hizo crecer al último bastión de la industrialización eólica, la metalúrgica constructora de torres Calviño[3], y logró que se instalaran dos tecnólogos internacionales. Se instalaron hubs ensambladoras: Nordex en Córdoba firmó en 2018, lanzó en 2019 y quedó sin actividad en 2020. Vestas en Campana siguió un camino similar: anunciada en 2018 y cerrada en 2020. Fabricaban nacelles y bujes, a la vez que recibían componentes críticos que las multinacionales se reservaban para sí -la caja multiplicadora o la pala, que por ejemplo Vestas fabrica en Dinamarca. La crisis económica de 2018, en paralelo a la firma e inauguración de hubs, sentenció la muerte de estos proyectos que tenían una frágil escala, que se vino a pique con la suba de las tasas de interés nacionales.

Así se pierde la segunda oportunidad: ya no era IMPSA como único tecnólogo productor de molinos eólicos a nivel global, sino un modelo de ensamblado doméstico con contenido local, que tampoco fue, y es lo que hace Brasil (o Sudáfrica, por mencionar otro país).

Como decíamos, la aspiración a constituir un tecnólogo nacional de energía eólica se abandonó temprano. IMPSA llevó a cabo un proceso de ingeniería en reversa, que le había vendido a Parque Arauco muchos de los generadores pero la situación financiera de la empresa no daba como para pensar en un plan donde ella protagonizara el desarrollo industrial. Tuvo una unidad que apuntó a este desarrollo pero rápidamente fue desactivada y sus técnicos se desperdigaron en nuevas y más pequeñas empresas del sector (NRG Patagonia).

 “Arrancaron en 2007 con lo eólico pero demoraron muchísimo”, nos dice una fuente que se pregunta por esa oportunidad perdida. “Ellos tenían un modelo de aerogenerador de 1.5 MW de potencia, que es como si te dijera que tenían un Fiat Duna en el mercado de autos de hoy”, dice esa misma fuente que pondera que aquella capacidad nacional convivía con tecnólogos internacionales que traían aerogeneradores el doble o el triple de potentes.

Hoy la industria manufacturera detrás de la energía eólica es una industria muy consolidada con actores muy claramente establecidos y es difícil disputarles un lugar en esas cadenas. Actualmente, de un parque eólico se importa el 75%, dice un trabajo que del observatorio Órbita en la provincia de Buenos Aires. El cemento se hace acá, están las empresas “torreras”, que es lo único que quedó del intento de integración doméstica que hubo en el sector eólico, y después todo lo demás se importa. “La torre es un es una gigante masa de aire que en un barco es carísima, que tiene un costo de transporte ridículos, no digo que es un bien no transable pero casi”, dice Drucaroff. Una planta en Florencia, Varela y otra en Esperanza, Santa Fe, hoy atestiguan las mermadas capacidades nacionales, que en Brasil, llegan al 80% de integración nacional.

A este panorama, se suma otro aspecto financiero determinante: la ECAS, Export Credit Agencies, que son las agencias de crédito de exportación que muchos países tienen para fomentar el desarrollo de las exportaciones. La danesa, por ejemplo, fomenta el desarrollo de Vestas, su empresa insignia en energía eólica. Y pone condiciones para financiar nuevos parques: usar todo Vestas. 

En Argentina se llegó a integrar la la góndola -los componentes que en donde se ensamblan las palas- pero no la pala, que es el componente más difícil y crítico porque existe una según los tipos de vientos y Argentina tiene a los tres tipos de vientos. “No todos los megas -potencia instalada- iban con la misma pala entonces no te daba la escala del mercado propio para tener una fábrica de palas”, aclara Drucaroff, que trabajó para que la torre, la góndola y los componentes electromecánicos aprovechen las capacidades instaladas de un país con tradición metalmecánica. “Se llegó esa etapa con un nivel de integración cercano al 40%”, dice, y después la pandemia, con la interrupción del proceso de inversión y cierta demonización de lo eólico -asociado al macrismo- perdió impulso. “Nunca se llegó a plantear el tema de un centro de monitoreo”, anota como pendiente, ponderando el valor específico de controlar la información y los datos que produce cada parque para futuras innovaciones, e incluso para el financiamiento.

Campo de energía eólica en Chubut, Patagonia Argentina

Desafíos y preguntas a largo plazo

“Al doble de generación podés ir si se hacen las líneas prioritarias”, dice Javier Gort de Genneia, pero se pregunta después por cómo seguir. “La línea que sale de Madryn un día de viento ya queda saturada”, advierte. Y agrega: “Cuatro parques de 250 megas y queda saturada de nuevo”. El gobierno actual proyecta líneas prioritarias: Madryn-Choele Choel y Vivoratá-Plomer. Se trata de otra apuesta por la inversión privada -como durante Macri, años en que no se construyeron líneas de alta tensión. La apuesta en este caso sería a que la baja del riesgo país -y por ende el financiamiento internacional a tasa baja- no frustre esa apuesta, como sucedió en aquel entonces.

Aunque la energía eólica es competitiva en precio, la energía térmica, especialmente con el desarrollo del gas no convencional, también se posiciona como una alternativa atractiva por su impacto en la actividad local y el empleo. Aquí la prédica del gas como combustible puente en la transición energética juega un rol clave en las agendas de gobierno. En 2024 estuvimos en 16 % de la matriz energética renovable, 2025 terminó por el 18% (no incluye a las grandes hidroeléctricas, sólo a las pequeñas).

Como vimos, las restricciones en la capacidad de transporte eléctrico afectan al desarrollo de nuevos proyectos eólicos en las zonas patagónicas, dando como resultado la incapacidad de valorizar recursos eólicos de muy alto potencial. La falta de articulación entre los segmentos de generación y transporte resulta en un descenso en la calidad del recurso eólico aprovechado, y por ende en el rendimiento de los nuevos parques eólicos (bonaerenses). Se prioriza la cercanía a la red en vez del factor de capacidad. Queda pendiente para futuras indagaciones, el análisis de prospectivas actualizadas en las que el transporte y la generación eólica se calcule y proyecte como un plan en el que el desarrollo territorial esté incluido. Cabe decir que las líneas de transmisión son un encadenamiento transversal a todas las tecnologías de generación eléctrica, no sólo a la eólica. Un aspecto atendible a la hora de establecer políticas para una transición justa.

La dependencia tecnológica y financiera externa para el desarrollo de estas energías será un escollo determinante en ese camino. Algo que nos proponemos profundizar más adelante, con los límites y alcances de la experiencia uruguaya. 

La situación durante el gobierno de Javier Milei 

Desde la asunción de Javier Milei la institucionalidad de las renovables se debilitó notablemente y cuando este informe se entregó, la prórroga de la ley de renovables en el congreso quedaba postergada: un escenario de “transicione el que pueda”. La presencia de las energías renovables es marginal en el Presupuesto 2026 del gobierno de Javier Milei. Elimina la actividad “Desarrollo de Iniciativas de Promoción de Energías Renovables” y se desfinancia el “Proyecto de Eficiencia Energética y Energía Renovable en la Vivienda Social Argentina”. FARN también señala que se reduce el presupuesto para otros programas en esta línea, como de “Acciones para el Uso Racional y Eficiente de la Energía”  y aunque el Fondo de Energías Renovables (FODER) logró mantenerse en pie, contará con $5.644 millones, de los que se esperan usar $2.892 millones, el 51,2% de sus fondos. 

En julio de 2024, el gobierno de Javier Milei aprobó el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). A pesar de que ya ha pasado un año de su puesta en marcha, solo 19 proyectos fueron presentados al régimen y siete fueron aprobados por su Comité Evaluador. De ellos, solo dos pertenecen al sector de energía, con propuestas de generación con fuentes renovables no convencionales para uso industrial.

Miradas encontradas

La Fundación Patagonia Tercer Milenio -think thank influyente en Chubut, del sindicato de Luz y Fuerza- se orienta por sostener una matriz hidroeléctrica y térmica. Solo así, se tendría margen, según ellos dicen, para el desarrollo de tecnología con capital nacional y se lograría autonomía en vez de dependencia tecnológica. Dan como ejemplo el petróleo: “150 años de desarrollo petrolero con dependencia tecnológica, ¿será igual con el hidrógeno?”, se preguntan.

Javier Gort dice como patagónico que lo importante es crear demanda en la Patagonia. “Un proyecto de hidrógeno verde sería más de la mitad de la energía renovable eólica renovable que tenemos en la Argentina”, dice entusiasta, y comenta detalles de gestiones en curso, a la espera de una Ley de Hidrógeno que hace tiempo espera en el congreso.

Otros trabajos como los del Observatorio Petrolero Sur, ponen el foco en los riesgos de la latinfundización de la tierra y la necesidad de pensar en nuevos modos de aprovechamiento energético, en miras de una transición energética justa, popular y sostenible.

Mientras proyectos de Hidrógeno Verde, Centros de Datos y grandes emprendimientos mineros se proyectan como el futuro de una Patagonia despoblada -lo que refuerza esa condición-, la pregunta por la desfosilización y descarbonización de la matriz energética argentina se responde por la negativa.

 

 

FUENTES

Para este trabajo recorrimos el Parque Rawson, en Chubut; hablamos con gente del sector, trabajadores e investigadores. Entre las personas entrevistadas se cuentan: Javier Gort, Genneia, Verónica Robert, especialista en desarrollo industrial, Luis Febre, Goldwind, Hernán Scandizzo, Observatorio Petrolero Sur, Eugenio Kramer, Fundación Patagonia Tercer Milenio, Cecilia Garibotti, ex Subsecretaria de Energia, Sergio Drucaroff ex Subsecretario de Desarrollo de Proveedores, y técnicos operadores de empresas generadoras. La bibliografía está linkeada a lo largo del texto.
 


[1] Tomamos la periodización de un muy buen análisis de Furlán, 2025

[2] CAMMESA tiene dos funciones, una operativa y una comercial. La operativa es desde el centro de control que están permanentemente las 24 horas al día, están viendo cuánto es la demanda y entonces en base a eso le indican a los generadores subir o bajar. Pero las eólicas tienen prioridad de despacho: “les dice subí o bajá a las térmicas o a las hidráulicas”, nos explican de CAMMESA. La comercial es que todos los meses le cobra a los distribuidores y con eso le paga al generador y al transportista, que administra las líneas de transporte de Argentina.

[3] • GRI CALVIÑO TOWERS ARGENTINA, fabricante nacional de torres de acero, localizado en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. 

• HAIZEA SICA, fabricante nacional de torres de acero, localizado en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. 

• PREAR, FABRI y PRETENSA, fábricas de torres de hormigón, localizadas en Neuquén, Trelew y Bahía Blanca, respectivamente.