La convergencia de los imaginarios de futuro de las tecnoligarquías de Silicon Valley con el gobierno de Trump

Este artículo es una versión actualizada de la charla presentada en el encuentro de contrapartes de la Fundación Heinrich Böll Brasil, realizada en marzo de 2025. Este análisis tecnopolítico es el resultado de la práctica y las vivencias de casi 20 años de participación, investigación y esfuerzos por influir desde una perspectiva feminista, anticolonial y de derechos humanos en distintos espacios de gobernanza digital y de incidencia en políticas públicas sobre tecnologías digitales, tanto a nivel global como regional y nacional. Las reflexiones que presento también están basadas en años de investigación y articulación junto a colectivos, organizaciones, redes y activistas feministas que (sobre todo desde la perspectiva latinoamericana), han sido vitales para la formulación de posicionamientos críticos y la construcción de alternativas frente a los rumbos que toma la lógica dominante del monopolio de las Big Tech en el desarrollo de tecnologías. Colegas a quienes agradezco profundamente (aunque de forma genérica por falta de espacio) por los intercambios, la inspiración, el cuidado y la resiliencia; y más aún por haber sido encuentros creativos y placenteros.

No es menor el hecho de que las cinco personas más ricas del mundo de hoy sean hombres fundadores de empresas tecnológicas de Silicon Valley. Elon Musk (SpaceX, Tesla, X, entre otras), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Larry Ellison (Oracle), Bill Gates (Microsoft). Estos cambios en la concentración de la riqueza global, que décadas atrás era más difusa e incluía otros sectores de la economía y otros territorios, evidentemente trae consecuencias en las correlaciones de poder de la geopolítica mundial. Al final, dentro del sistema capitalista en el que vivimos, concentración de riqueza es sinónimo de acumulación de poder. ¿Qué significa para la geopolítica mundial un escenario en el que un puñado de multimillonarios de apenas un solo sector y territorio sean los detentores de fortunas mayores al PBI de muchos países?

En los titulares de las noticias comienza a aparecer el término «tecnoligarquía»1 u «oligarquía digital»2  para referirse a este momento en el cual los pocos «tech barons» (CEOs de las grandes empresas tecnológicas, las llamadas Big Tech), concentran monopolios tecnológicos en sus áreas de actividad (buscadores, redes sociales, sitios de e-commerce, sistemas operativos, cohetes, Inteligencia Artificial, etc.), mientras acumulan poder político, económico e incluso militar. La presencia de Zuckerberg, Bezos y Musk, acompañados por Sundar Pichai (Google), Tim Cook (Apple) y Sam Altman (OpenAI), juntos y en posición destacada durante la asunción del presidente estadounidense, Donald Trump, nos remite aún más al concepto de tecnoligarquía.

 

Gráfico que ilustra la riqueza de los multimillonarios vs. el PBI de los países

Fuente: Este gráfico utiliza datos de la revista Forbes (2025) sobre las riquezas de los principales multimillonarios y datos del Banco Mundial (2023) sobre el PBI de algunos países. Los países presentados no están ordenados, sino elegidos de manera aleatoria, de acuerdo con la proximidad del PBI y la riqueza de los multimillonarios, con el objetivo de ilustrar el peso geopolítico de esas fortunas.

Durante algún tiempo, la narrativa dominante fue que estos destacados líderes de empresas tecnológicas eran nerds, demócratas y genios inventando cosas innovadoras y disruptivas en sus garajes, derivando en empresas multimillonarias que parecían tener, al menos superficialmente, alguna sensibilidad social y libertaria. Pero al menos el relato de la sensibilidad social fue perdiendo fuerza ante el predominio de la ambición de lucro (o al menos en los ámbitos donde se debate sobre derechos humanos y tecnología), sobre todo después de varios escándalos internacionales sobre las prácticas y políticas de dichas empresas. Estos escándalos se intensificaron desde 2013 gracias a las revelaciones de Edward Snowden3, consultor de seguridad de la información, exmiembro de la CIA y de la NSA, que expuso como operaban estas organizaciones, abriendo «puertas traseras» para prácticas de vigilancia global por parte de los denominados «5 Eyes» [«Cinco ojos»] (Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido). Años más tarde, en 2015, estalló el escándalo de violación de privacidad y manipulación política de datos de Facebook por parte de Cambridge Analytica4, la consultora política que dirigió la campaña digital de Trump contra Hillary Clinton en 2016. A partir de allí, continuaron surgiendo innumerables denuncias de exfuncionarios sobre las prácticas antiéticas de estas empresas, como el caso que demostró la priorización del lucro en detrimento de la salud mental de adolescentes, denunciado por Frances Haugen5, de META, en 2021; o la renuncia de Timnit Gebru6, en 2020, criticando la ética de las políticas de IA de Google. A estos casos se le suman las denuncias de violaciones de derechos laborales ya sea, por ejemplo, por la forma de funcionamiento de los almacenes de Amazon7, o por el trabajo insalubre en la moderación de contenido de redes sociales8, entre muchos otros.

Aun así, frente a cada uno de estos escándalos, los CEOs y los equipos de comunicación de esas empresas se esforzaban para contener la crisis e intentar mantener el relato de que se preocupaban por la seguridad de los consumidores de sus productos, y que estaban a favor de la democracia y de algún tipo de regulación, aunque sea mínima, que orientara y respaldara sus prácticas. Ante los primeros escándalos relacionados con el uso de datos, los gobiernos de todo el mundo, entre los que se cuenta Brasil, aprobaron leyes de protección de datos personales como una de sus principales respuestas. Me atrevo a afirmar que, guiadas por una vaga noción de consentimiento9, estas leyes ofrecieron un puerto seguro para que dichas empresas siguieran sus prácticas por medio de un capitalismo de la vigilancia10. Ante las sucesivas denuncias que exigían restricciones legales sobre moderación de contenido, condiciones laborales, regulación de la IA y, más recientemente, cuestiones socioambientales, los intentos de regulación se convirtieron en blanco de un intenso lobby y hasta de estrategias ilegales por parte de las Big Tech11. Además, al menos en Brasil, el bloqueo a iniciativas con esta tendencia ganó apoyo en los bloques de extrema derecha del Congreso Nacional.

En 2025, la cercanía con los posicionamientos de la extrema derecha se hizo aún más explícita con las imágenes de la asunción del segundo mandato de Trump, con las noticias de donaciones de ese grupo de tecnoligarcas a la nueva gestión del multimillonario12 y con la creación de la Agencia de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés), liderada por Musk, y que pasó a formar parte del gobierno durante algunos meses13. ¿Indica este escenario que algo ha cambiado? Según el diccionario, «oligarquía»14 se refiere a «un gobierno en el cual un pequeño grupo ejerce control, especialmente para fines corruptos y egoístas». A priori, al sentarse junto a Donald Trump, a diferencia de años anteriores, esas empresas y sus CEOs ya ni siquiera se esfuerzan en demostrar preocupación por los derechos de quienes utilizan sus servicios o son objeto de sus tecnologías. Esto no quiere decir necesariamente que pasaron de ser liberales a republicanos o de extrema derecha. Pero sí es evidente que ya no están simplemente haciendo lobby sobre un gobierno dentro del juego desigual de la democracia. Su poder de influencia y el diálogo entre multimillonarios, permitió que estos líderes pasaran a ser parte del gobierno, o bien comenzaran intercambios de favores informales con políticos a fin de controlar las acciones del gobierno. Pero ya que no se ajustan exactamente a las definiciones de extrema derecha, queda entonces la pregunta: ¿qué ideas tienen los CEOs de las Big Tech para que se alineen de forma tan explícita y descarada con esa ideología política?

En el primer episodio del podcast «Imagine»15, producido por Coding Rights, entrevistamos a la filósofa Annette Zimmermann, que estaba por publicar un libro justamente sobre las ideologías de Silicon Valley. Annette destacó la reciente expansión de dos ideologías entre los tech bros: el «longtermismo» (longtermism) y el altruísmo eficaz (effective altruism), a partir del cual se deriva el aceleracionismo eficaz (effective accerelationism). El longtermismo es una filosofía y movimiento intelectual16 que pregona la idea de que nuestra principal preocupación moral debería ser priorizar una visión de futuro de la humanidad a largo plazo. En este sentido, las problemáticas cotidianas y actuales de protección de los derechos humanos, en el contexto del desarrollo tecnológico, no tendrían importancia, ya que el foco debería estar en las problemáticas que plantean un riesgo existencial para la continuidad de la especie humana. En cuanto al aceleracionismo eficaz, es un término todavía más reciente, acuñado en 2022 por perfiles anónimos en el antiguo Twitter para referirse a una filosofía que promueve el progreso tecnológico irrestricto, impulsado principalmente por la Inteligencia Artificial, entendiéndola como la solución a cualquier problema de la humanidad. Sus seguidores afirman que no debemos hacer nada para regular las innovaciones tecnológicas, sino que, al contrario, debemos acelerarlas, pues creen que en un futuro distante la IA transformará la vida humana para mejor, cueste lo que cueste en el camino. No hay, por lo tanto, un plan real para mitigar desigualdades, pobreza extrema, racismo estructural, y así sucesivamente. Según Annette:

Esta es una ideología que se siente cómoda con sacrificios masivos y con desigualdades e injusticias masivas, pues está motivada por la esperanza de que la élite, que entiende los beneficios futuros de esta nueva tecnología mágica, conseguirá alcanzar un status quo mucho mejor. También vale la pena resaltar que los fundamentos ideológicos del aceleracionismo efectivo poseen lazos bastante explícitos con el pensamiento de extrema derecha. El Manifiesto Tecnoptimista de Mark Andreessen17 cita con bastante aprobación un manifiesto fascista italiano del siglo XX sobre el papel de la tecnología en la higienización de la sociedad. Esta no es una ideología que intenta que la sociedad sea más libre y más igualitaria. Es una ideología orientada a ampliar y consolidar el poder de las élites sociales actualmente existentes. En verdad, es una ideología que presupone que solo unas pocas personas están mejor capacitadas para tomar decisiones realmente importantes sobre los objetivos que debemos perseguir a la hora de diseñar y utilizar la tecnología». - Annette Zimmermann, para el podcast «Imagine».

Como el longtermismo es más autoexplicativo, intenté resumir a continuación algunas de las características del aceleracionismo eficaz solamente, basándome en manifiestos y declaraciones de sus principales representantes:

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DEL ACELERACIONISMO EFICAZ
optimismo tecnológico y tecnosolucionismo extremo desarrollo de AGI18 sin restricciones
aceleración tecnológica irrestricta maximización de la energía
creencia en que la automatización y las criptomonedas substituyen los mecanismos tradicionales de gobernanza tecnocapital como promotor del progreso
rechazo a consideraciones éticas en el desarrollo de tecnologías progreso a cualquier precio
resistencia a las regulaciones y controles gubernamentales rechazo a los límites del crecimiento
nacionalismo tecnológico competición y temor de que otros países avancen más rápido

En el mismo episodio, también entrevistamos a Timnit Gebru, científica informática que fue despedida de Google tras ser censurada por la empresa en la publicación de un estudio sobre ética e Inteligencia Artificial. En la entrevista, Timnit destacó algunas conclusiones de un artículo19 publicado por ella junto a la investigadora Émile P. Torres sobre la carrera para el desarrollo de la Inteligencia Artificial General (AGI), es decir, sistemas con capacidades cognitivas iguales o superiores a la humana, a diferencia de las actuales, que son IAs especializadas en determinadas funciones (por ej. chatbots, reconocimiento facial, etc.). En el artículo, las autoras argumentan que la principal motivación de dicha carrera hunde sus raíces en la tradición eugénica20 angloamericana del Siglo XX. Estos ideales son proclamados con frecuencia de forma explícita y, en algunos casos, se menciona específicamente a eugenistas de la primera ola. Según el artículo, esto «resulta en sistemas que perjudican a grupos marginalizados y centralizan el poder, al mismo tiempo que usan un lenguaje de “seguridad” y de ”beneficio a la humanidad” para escapar de cualquier responsabilidad»21. Durante nuestra entrevista, Timnit señaló:

«Yo no pensé que la conexión entre eugenesia y transhumanismo fuera tan directa. Quiero decir, literalmente directa. Pero sabía que ellos estaban usando esas terminologías. Los análisis que estaban usando eran así. Entonces, cuando empecé a trabajar en este artículo, todo se volvió muy claro. Y así conseguimos presentar un análisis que luego pudimos enviar a otras personas. Agrupamos al transhumanismo, altruismo eficaz, longtermismo y otras ideologías relacionadas bajo el nombre de «TESCREAL bundle»22. Incluso, el término llegó a estar publicado en Wikipedia, hasta ser eliminado por los altruístas efectivos, aunque luego regresó».23 - Timnit Gebru, para el podcast «Imagine».

Para Timnit y Émile, todas esas ideologías contenidas en el acrónimo TESCREAL deben ser tratadas como un grupo «”interconectado y superpuesto” con orígenes compartidos»24. Esto se debe a que es difícil entender dónde termina una teoría y comienza la otra en los discursos de los tech bros, ya que muchos de ellos son afines a más de una de ellas. Aunque algunos seguidores del aceleracionismo eficaz se esfuercen en identificarse como tales, agregando la sigla «e/acc» en sus biografías de redes sociales, muchas veces los matices son más sutiles y no reconocidos. Desde una perspectiva más macro, el perfil de los partidarios y seguidores de estas ideologías es la de hombres blancos, inversionistas de riesgo, fundadores e ingenieros que se beneficiarían financieramente de un proceso acelerado de desarrollo tecnológico.

Uno de sus representantes más prominentes es el inversionista Peter Thiel, capitalista de riesgo y cofundador de Paypal (junto con Musk) y de Palantir, además de mentor y financista de la campaña del vicepresidente estadounidense J.D. Vance. La alianza política entre Musk y Trump, y entre Thiel y Vance, representan bien este momento en que las ideologías de Silicon Valley confluyen o se vuelven compatibles con las políticas nacionalistas del MAGA (Make America Great Again). Esta convergencia se da mientras la desregulación y el nacionalismo favorezcan la acumulación de riqueza y abran camino hacia esa pretendida aceleración que ignora los límites y contrapesos de los derechos fundamentales. Thiel ha llegado incluso a declarar que «libertad y democracia son incompatibles»25, señalando de manera explícita al voto femenino y la ampliación de derechos sociales como obstáculos para la visión de democracia libertaria que defiende, y proclamando a la tecnología como el único camino posible hacia la libertad. Asistimos así a la constitución de una red de influencia entre los multimillonarios de las Big Tech, alineados bajo una superposición de ideologías tecnosolucionistas, la cual intento representar en el gráfico de la siguiente página.

Ante la inminencia de la segunda victoria de Trump, los primeros en dejar caer lo poco que restaba de las máscaras del «buen samaritano geek» fueron, justamente, los CEOs de las empresas propietarias de las plataformas de comunicación. Desde el inicio de la campaña, Elon Musk utilizó X como plataforma para impulsar a Trump. Obtenida la victoria, con una visión parecida a la de Thiel, Jeff Bezos, quien también es dueño del Washington Post, anunció cambios editoriales en el periódico, declarando que las notas de opinión deberían defender las «libertades individuales» y el «libre mercado»26. Zuckerberg, propietario de Instagram, Facebook y Whatsapp, anunció su alianza con Trump para oponerse a los países que intentan regular la internet. En ese contexto, criticó y acusó explícitamente al Supremo Tribunal Federal de Brasil por el bloqueo de X27. Además, anunció modificaciones en las políticas de moderación de contenido de META, normalizando, de forma explícita, que personas LGBTQIA+, mujeres y otras comunidades históricamente vulnerabilizadas continúen siendo objetivo de los discursos de odio, al defender una visión de libertad de expresión sin restricciones28. Gradualmente, y en sintonía con la visión aceleracionista de que la IA resolverá todo, META ha apostado por substituir la moderación humana de contenido por Inteligencia Artificial29. Zuckerberg, así como Amazon, Google/Alphabet y Microsoft, anunciaron el fin o la reducción de las políticas de DEI (Diversidad, Equidad, e Inclusión)30. Esto los coloca a todos en línea con aquella noción de eficiencia acelerada de bases eugenistas.

Redes de influencia: multimillonarios de la tecnología e ideologías

Redes de influencia: multimillonarios de la tecnología e ideologías

Fuente: Gráfico realizado para este artículo, con ayuda del sitio claude.ia

Poco a poco, las Big Tech comenzaron a sentirse libres de recortar gastos, justamente en las áreas de privacidad, seguridad, diversidad e inclusión, al igual que con los interlocutores de equipos de políticas públicas en el sur global. En estos territorios, solo invierten en la venta y promoción de sus servicios, como sucedió con la reciente participación de META y Google en el 2do Seminario Nacional de Comunicación del Partido Liberal brasilero, en el que enseñaron a sus participantes a usar las herramientas de IA31.

Con la expansiva presencia de la extrema derecha en el poder de los Estados Unidos, ya no hay necesidad de guardar las apariencias. Se pueden recortar gastos y eliminar las fachadas porque la noción de aceleracionismo efectivo no requiere de esas protecciones ni de equipos de políticas públicas repartidos por el mundo. En la interacción con un gobierno nacionalista de extrema derecha, el único foco ahora es el Congreso de los Estados Unidos. Tanto es así que en el primer trimestre de 2025, META, Alphabet, Microsoft, ByteDance (la empresa de TikTok y de CapCut), X (ex Twitter) y Snap, invirtieron un total de 17.5 millones de dolares32 en lobby, solamente para esa arena política. No obstante, la convergencia de posicionamientos no equivale a una total superposición de intereses, lo que quedó claro cuando el nacionalismo de MAGA se tradujo en políticas tarifarias, resultando en la disputa más reciente entre los multimillonarios Musk y Trump33.

Una pelea entre dos personas tan narcisistas era de esperarse y hasta merecía preparar pochoclos para verla. Pero más allá de los memes, es un momento interesante para entender y reflexionar sobre el escenario político actual. Para las investigadoras y activistas que trabajan en problemáticas como la violencia de género y sus interseccionalidades de raza, clase, sexualidad, pertenencia étnica y territorialidad; el encanto que se le adjudica a la supuesta genialidad de los tech bros y sus visiones de futuro nunca fue un relato coherente. Esta incoherencia también es patente para quien se ocupa de monitorear cómo los algoritmos y las publicidades dirigidas favorecen contenidos de odio, desinformación y antidemocracia, y cómo censuran o restan prioridad a las causas de movimientos históricamente vulnerabilizados. Y resulta aún más evidente para los diversos activismos en pos de la soberanía tecnológica y de los cuidados digitales, las personas críticas al capitalismo de vigilancia y al colonialismo digital, y los movimientos contra las violaciones a los derechos de trabajadores de la moderación de contenido y otros oficios de plataformas. Para enfrentar a quien detenta miles de millones de dólares, es necesario ir más allá, construir puentes y unir fuerzas entre nuestras diversas agendas de derechos y movimientos sociales. Lo natural es que no se tenga a la tecnología como punto de partida para producir pensamiento crítico o alternativas, a pesar de sentir, cada vez más, nuestras vidas y agendas afectadas por la nueva geopolitica que se dibuja con la nueva configuración del poder de esta tecnoligarquía. Es importante recordar que nuestra lucha confluye de manera poderosa, a diferencia de las alianzas que persiguen el lucro y la necropolítica. Nuestra lucha se alinea con la fuerza ancestral de la defensa de los derechos y con la voluntad de construir alternativas que crezcan inspiradas por el amor a la vida. Nuestras luchas son la misma lucha. Necesitan unirse como fuerza opuesta a la visión de mundo de estos multimillonarios. Espero que este artículo contribuya con esa unión de fuerzas, al aportar más material (aunque sea superficial) para poder entender de qué manera se organizan sus intereses.

 

Traducción al español por Rizoma Traducciones 
Nicolás Castrilli & Rodra Castro 

Footnotes