Las derivas autoritarias globales y el retroceso en derechos humanos se reflejan en Argentina con un nuevo ciclo aperturista. El desafío para los progresismos es construir un proyecto democrático que combine justicia social con un orden macroeconómico sostenible.
La derivas crecientemente autoritarias, las decisiones económicas proteccionistas de unos países y ultraortodoxas en distintas partes del mundo, la preocupación cada vez menor por la defensa de los derechos humanos, por la plena vigencia del derecho internacional, por parámetros básicos de bienestar para cualquier persona sin discriminación de ningún tipo, hacen que cada vez ingresemos en una época marcada por una regresión inmensa para los objetivos de un proyecto de una humanidad libre, en convivencia pacífica, con plena inclusión de todos los seres humanos.
En Argentina esto tiene sus particularidades, con el primer gobierno electo por el voto alineado con la extrema derecha global. Es al menos la cuarta oleada de medidas aperturistas, con tipo de cambio atrasado, exclusión social y destrucción masiva de empresas que vive el país en medio siglo. La famosa tesis de Marcelo Diamand sobre el “péndulo argentino” de 1983, que pasa de modelos ortodoxos a otros heterodoxos con enorme sacrificio de rumbo continuado, se ha ratificado y ha tenido consecuencias serias sobre la estructura productiva, laboral y social.
Ahora bien, no debe olvidarse que la política es relacional. Eso significa que cuando un oficialismo tiene el camino allanado, al menos en parte, se debe a las dificultades de la oposición. Algunas son dificultades globales. ¿Cómo generar modelos de redistribución y justicia social con estados nación debilitados? ¿Cuál es el proyecto económico y social que puede aplicarse de manera sostenida por gobiernos progresistas? Otras dificultades en cambio son locales y nacionales. Sobre ellas, y especialmente sobre el futuro, es importante promover conversación y polémicas. Evitar a toda costa el silencio. Y los consensos dogmáticos.
Estos documentos buscan aportar a una conversación necesaria, a un debate impostergable, a una renovación programática imperiosa de las fuerzas democráticas por la justicia social. Nuestro objetivo es sumar voces y argumentos a una conversación de la que ya participan distintas instituciones y personas y esperamos que puedan hacerlo muchas más en el futuro.
Extendemos la invitación a mantener la vigencia de nuestros valores democráticos, de derechos, humanistas, asumiendo que las respuestas del pasado no serán útiles ante los desafíos del futuro. Pero las experiencias del pasado, repensadas críticamente, sin soberbia, sin corporativismo, pueden ser decisivas para evitar recaer en errores similares. Creemos que el desafío no se reduce a encontrar candidaturas, aunque estas son importantes. No se reduce a fortalecer estructuras, aunque también son importantes. Estamos convencidos que necesitamos forjar ideas concretas de tornen viables la concreción de esos valores. Y, sobre todo, los hagan sostenibles en el tiempo, evitando esas recaídas pendulares.
Argentina tiene grandes oportunidades. Pero sólo podrá aprovecharlas para construir un futuro integral, con todos los habitantes del país incluidos, si construye un proyecto consistente, una propuesta que reúna la justicia social con el orden macroeconómico, un Estado eficaz y moderno, una ética pública implacable, un horizonte de democracia y mayor igualdad.